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Seguridad

EL DEBER.- La depresión y el suicidio, patología y decisión de quitarse la vida muy presentes en Santa Cruz y Bolivia, fueron motivo de tres días de conferencias expuestas por reconocidos siquiatras internacionales en el hotel Paulistania Casa Blanca de nuestra ciudad, donde dieron pautas para prevenir estos males de la sociedad y para tratar de involucrar a los padres de familia y a las autoridades de Gobierno, porque se trata de problemas de salud pública.

Las charlas se dieron dentro de las II Jornadas Internacionales de Prevención del Suicidio y la Depresión, en las que disertaron especialistas en salud siquiátrica de Colombia, Ecuador, Uruguay y Bolivia, quienes expresaron que estos fenómenos deben ser tratados de forma integral.

En nuestro medio no hay estadísticas sobre la depresión y el suicidio. Empero, la doctora Rose Marie Rendón, presidenta de la Sociedad Boliviana de Psiquiatría filial Santa Cruz, afirma que uno de cada cuatro personas sufre trastornos depresivos en el país.

En Bolivia se carece de datos sobre los suicidios, porque los mismos no son registrados como tal. Por ejemplo, en la Policía y en los hospitales los consignan como muerte por arma de fuego, por intoxicación o por ingesta de órganos fosforados, etc., lo cual invisibiliza el problema, manifestó Rendón.

Son prevenibles

A decir de José Luis Ibáñez (sicólogo ecuatoriano) la depresión es fácilmente tratable, pero hay que derribar el mito de que los siquiatras solo son para las personas que sufren de locura. 
Los trastornos mentales no tratados pueden conectarse con el suicidio, advirtió el especialista Ibáñez.

Políticas públicas

El especialista Miguel de la Oliva expuso, en cuanto a la responsabilidad estatal, que estas complicaciones deben ser intervenidas con un tratamiento integral, incluir el debate en los ámbitos de la salud, de la educación, en el sistema legal y en lo social.

Asimismo, propuso habilitar una línea telefónica de emergencia confidencial para atender a las víctimas, con personal apto para la atención primaria y con competencia para disponer de ambulancias y de otros equipos de logística. 

En la niñez y adolescencia

Miguel de la Oliva refirió que entre los grupos de riesgo están los adolescentes, sobre todo en los colegios, donde discriminan a ciertos estudiantes y los ‘hunden’ con el bullying, provocando no pocas veces el suicidio, como el caso de un quinceañero colombiano que se quitó la vida al ser víctima de homofobia, hecho que dio lugar a una ley producto de la demanda social.

La siquiatra colombiana Ana Sofía Calvache, experta en suicidio de niños y adolescentes, explicó que las características de la depresión así como las crisis suicidas  se diferencian en estos grupos etáreos.
Según el estudio, los niños no tienen claro el concepto de la muerte. Hasta los cinco años para ellos la muerte no existe, lo ven como en las tiras cómicas o en los juegos, donde matan o mueren y vuelven a aparecer.

“El pensamiento de un niño es concreto; lo que uno les dice, eso es; ellos no lo analizan. El concepto reversible va cambiando a los 8 años y, desde los 11 años, empiezan a tener pensamientos abstractos, analizan las cosas y maduran premisas”, indicó Calvache.

En su libro La crisis suicida (editado en Santa Cruz), el siquiatra cubano Sergio Andrés Pérez, señala que la crisis suicida infantil surge de la interrelación del niño con su medio familiar, por lo que es imposible tratar sicoterapéuticamente este tipo de crisis sin los padres.

En los adolescentes los síntomas son similares a los de los adultos: se muestran tristes, expresan que la vida no tiene sentido, son irritables. Es ahí cuando los padres deben dialogar o buscar ayuda profesional.

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